LA SOMBRACaminaba por la calle. Era ya bastante tarde, quizás las doce o la una de una oscura noche de invierno. El vaho nuboso emanaba de los orificios de la nariz. De vez en cuando se oía a lo lejos el motor de un coche. Las farolas alumbraban una franja de la calle, y alrededor de sus luces zumbaban los mosquitos. La acera, sin embargo, estaba un poco más oscura de lo normal.
No había ni un alma. Andaba rápidamente, había algo que no le gustaba. Tenía una ligera sensación de desasosiego que achacó a la penumbra de aquella noche sin luna.
¡Corre, corre, corre! Está ahí, se aproxima. Ahí, ahí, ahí. ¡Corre, corre, corre!Apresuró el paso. Las sombras del edificio que quedaban a su izquierda parecían moverse. De vez en cuando lanzaba una mirada furtiva a esa nada que parecía envolverle; a esas sombras que parecían que bailaran al son de una vela.
Se va, se va. ¡No puede irse! Se aleja. Tenemos que alcanzarlo. ¡Alcanzarlo! ¡Corre, vamos! Se va, se va. Ahí, ahí, ahí.GIró bruscamente su cabeza hacia el edificio. El corazón comenzó a acelerarle en el pecho. Sentía cada vez más fuerte aquella presencia. Se paró sobre sus pasos y giró. Miró tras de sí, esperando alguna señal, algo que estuviera ahí, al acecho... pero no había nada. Giró y de nuevo volvió a su marcha.
Se para. Se ha parado. Sigue ahí. Se va, se va. Hay que alcanzarlo. Alcanzarlo. Alcanzarlo. Alcanzarlo. Anda rápido, rápido, rápido. Para. Estás ahí. Te alcanzo. Te huelo.Algo muy rápido ha pasado a su derecha. Algo fugaz que se ha perdido entre las sombras. Lo ha visto. Sabe que ha estado ahí, en esa pared de la que se aleja. Su rostro se compunge. Tiene ganas de correr y alejarse de aquél lugar, pero algo lo paraliza. Sigue andando rápido. Las piernas le tiemblan ligeramente, parece que su paso desfallece. El corazón se le desorbita y de vez en cuando cierra los ojos esperando a que pase el trance.
¡Tócalo! Está ahí. Lo alcanzo... Vamos, ¡Tocaloooo! Es mío. Mío. Está ahí. ¡Qué bello! Es mío. Mío. Míooooo. De nuevo esa sombra que se aleja. Cree que va a volverse loco. La ha visto por el rabillo del ojo. Algo se desliza por las paredes, algo que huye hasta las sombras, y que ahí se vuelve a perder. No sabe qué es. QUiere gritar pero no puede. No sale grito de su garganta. ¿Se estaría volviendo loco?. Le ha parecido oir una voz... o un quejido... Como un susurro agudo... Algo que le recordaba a la voz que una vez, leyendo la Metamorfosis de Kafka, sonó en su cerebro... una voz enlatada, propia de un insecto.
Sigue andando por la interminable calle, ansiando ver la carretera que le librará de ella. El edificio de ladrillos marrones, con miles de recovecos, de ventanas y sombras, parece devorarlo.
Se para en seco. De nuevo aquella sombra que se desliza por la pared y sube hasta arriba. No sabe si es valor o miedo lo que le paraliza y le hace estar ahí
¡Mío! Se ha parado. Está ahí, a la luz. Por fin llegaré hasta él. A él, a él, a él.El corazón está desbocado. No hay parte de su cuerpo que no tiemble. Gira su cabeza a la pared. Una sombra pasa fugaz. Algo se desliza sobre ella. Algo como un insecto oscuro y enorme. Por lo que ha podido ver, parece como si fuera un hombre que, con unas piernas arqueadas, gatease por la pared. Ha pasado corriendo, como una cucaracha. Da un paso hacia atrás y comienza a correr.
¡¡Maldito!! ¡Se va, se va, se va! ¡Alcánzalo! Maldito... ¡Maldito, te alcanzo!.La sombra le sigue. Corre todo lo que puede, haciendo caso omiso al dolor punzante del costado. Le sigue, oye el correteo de esas extrañas patas. Mira al frente, y sabe que está a su izquierda, a pocos centímetros de él. Oye el sonido métalico de su voz, que lo maldice y le grita que pare. Ese sonido enlatado se mete en su cerebro. Ve, por el rabillo del ojo, algo que parece un brazo o una mano, que intenta agarrarlo, atraparlo, pero le lleva una muy ligera ventaja.
Grrraaaaaaagg. ¡No escaparás!Por fin la carretera. Ya solo queda una calle para llegar a su casa. Apresura el paso. Se cruza con un vagabundo que arrastra un carrito; éste lo mira de forma extraña, indagando... seguramente tenga el rostro desencajado. Un sudor frío impregna su frente. Un grito agónico se ahoga en su garganta.
LLega a la puerta de su casa. Saca nerviosamente las llaves de su pantalón y, con mano temblorosa, consigue abrir la puerta. La casa está oscura. Las ventanas todas cerradas. Enciende la luz de la entrada, y va caminando y encendiendo luces por toda la casa. Va hacia la cocina, mirando a todos los sitios. Ve la sombra de un mueble. Se paraliza. Las piernas le flaquean.
Cierra los ojos, se sienta en el sofá con un vaso de agua en la mano... EL cansancio.. Ha debido ser el cansancio. Intenta tranquilizarse, consolarse a sí mismo. Todo está iluminado, todas las luces encendidas.
Se levanta y ve las ventanas todas cerradas. Mira hacia la calle, totalmente oscura. Fría. Húmeda. Parece que todo vuelve a la calma... que ha sido producto de su imaginación... Sï, seguramente haya sido eso.
El vagabundo sigue ahí, rebuscando entre la basura en busca de algún artilugio probablemente, que después meterá en su carrito.
¡¡¡MALDITOOOOO!!! El cristal vibra con fuerza. No hace viento. Pero parece que fuera a romperse. Es el único cristal que vibra en toda la casa, como si fuera aporreado desde fuera. La sombra está ahí. El cristal se resquebraja...
Elohim Meth