De Relatos y Otros Cuentos

Historias, cuentos, poemas, relatos... Para todos, para nadie... No me responsabilizo de las opiniones que pueda verter en estas líneas.

Tuesday, August 30, 2005

Otoño

Otra vez he visto la muerte en el horizonte
cual crepúsculo doliente.
He visto al sol derramar lagrimas de fuego
y postrarse ante la oscuridad.
Deseoso de flagrar la noche y no perecer...
... una vez mas.
Ese sol que motea de oro las nubes mecidas por el suave aliento de céfiro.
Que fenece entre estrellas... pupilas que observan
desde la inmensidad del firmamento.
He visto sombras arcanas que se proyectan
sobre un lecho de apagados matices castaños.
Y aun puedo sentir una leve caricia suya
que recibo en mi rostro...
débil... moribunda y próxima al destierro del olvido.
Cuando el fulgor pálido de su opuesto
guía mis ojos en la lobreguez,
mi tacto se torna cada vez mas gélido y gris.
El sopor hace mella en mi espíritu
y un camastro de hojas secas
me acoge en un crepitar de susurros nocturnos.
Regresa esa luctuosa época en la que la fronda
es despojada de su atavío otoñal por el vendaval
que azota la vida errante
y el bosquejo desnudo alza sus brazos
al cielo que amenaza llanto...

......
Por Uncturae

Sunday, August 28, 2005


Poema gótico.

Desde la más profunda oscuridad de estas cuatro paredes
Oigo el susurro ronco del silencio
En este mundo sin luz, perdido
Donde cada persona llora por mi cuerpo más que por mi alma.

Desde estas cuatro paredes de madera
Donde una lágrima no es más que un recuerdo olvidado
Lloro mi inexistencia
Anhelando el sentir vagar mi alma.

Y tras este cuerpo putrefacto
Por el que ya los gusanos rondan
En el que ya siento el suspiro de mi esqueleto
Lucho por saber más allá de estas cuatro paredes

Siento cómo la vida pasa a mi alrededor
Envuelta en un gran valle de lágrimas
Siento el sonido de la mano que pasa por mi lápida
E imagino el olor de las bellas flores

En un haz de recuerdos
Presiento ese lloro de quien me quiso
Y que a pesar de no poder recordar
Nunca olvidaré.

Desde lo más profundo de estas cuatro paredes
Donde descansa mi cuerpo yermo
Donde mi alma se asfixia buscando la luz
Siento el rumor de la vida que pasa y que llega.

Intento resucitar mis recuerdos
Borrados por la putrefacción
Pero advierto que soy una masa sin sentido
Que solo soy un vago recuerdo de lo que una vez fui

Desde esta fría oscuridad de mi tumba
Tras este velo de muerte que me envuelve
Siento ese ansia de vida eterna
Que me ha abandonado como en un suspiro.

Lo único que sé que existe es mi esqueleto
Ni mi mente, ni mi yo son seguros
Lucho por no ser una evocación o una poesía
Sino el [un] recuerdo de un alma quizás perdida.

Miércoles, 28 de Noviembre de 2001.


Elohim Meth

Memoria

Puedes caminar descalza entre afiladas ofensas
que laceran tus pies dejando tras de ti un rastro de odio
hacia esos pobres ignorantes que solo ven el miedo propio en lo ajeno.

Y puedes ver ese rechazo reflejado en cada pliegue de tu piel
mientras el desprecio acumulado en tu interior
te hace enfermar de impotencia y melancolía.

Nadas en océanos de rabia donde desearías ver flotar, inertes
las almas de tus verdugos morales.
Ruinosas personalidades carentes de sentimientos,
ofuscados por representar cuanto ven
como en una obra de teatro con actores de rostros prestados.
Esos que vagan ciegos por oscuras sendas palpando lo desconocido
sin tacto en las yemas de los dedos
hiriendo mortalmente cuanto tocan.

Desnuda tu alma ante ese espejo de plata pura...
Puedes sufrir al contemplar tus imperfecciones
hasta que la apatía bañe tu rostro en lágrimas,
o puedes sonreír a la desgracia de la naturaleza.
¿Reconoces esos tristes ojos
que te miran desde el otro lado?

Desearías poder recibir una caricia sincera
que no te deje una nueva cicatriz
en tu ya magullado corazón.
¿Has sentido alguna vez ese calor embriagador?
¿Cómo has podido vivir eternamente a la deriva
sin dejar huella a cada paso que dabas?.

Tu rastro... se pierde en la lejanía del olvido deseado
donde tratas de encontrar un antídoto a tanta soledad.
Y con un desesperado esfuerzo intentas mantenerte a flote
pero la imagen de ese cruel recuerdo merma tus fuerzas
hasta la extenuación y a veces piensas sino seria mejor
dejarse llevar por esa corriente hacia un sueño placentero
... hacia un descanso eterno...
.....
Por Uncturae

Friday, August 26, 2005

LA SOMBRA

Caminaba por la calle. Era ya bastante tarde, quizás las doce o la una de una oscura noche de invierno. El vaho nuboso emanaba de los orificios de la nariz. De vez en cuando se oía a lo lejos el motor de un coche. Las farolas alumbraban una franja de la calle, y alrededor de sus luces zumbaban los mosquitos. La acera, sin embargo, estaba un poco más oscura de lo normal.
No había ni un alma. Andaba rápidamente, había algo que no le gustaba. Tenía una ligera sensación de desasosiego que achacó a la penumbra de aquella noche sin luna.

¡Corre, corre, corre! Está ahí, se aproxima. Ahí, ahí, ahí. ¡Corre, corre, corre!

Apresuró el paso. Las sombras del edificio que quedaban a su izquierda parecían moverse. De vez en cuando lanzaba una mirada furtiva a esa nada que parecía envolverle; a esas sombras que parecían que bailaran al son de una vela.

Se va, se va. ¡No puede irse! Se aleja. Tenemos que alcanzarlo. ¡Alcanzarlo! ¡Corre, vamos! Se va, se va. Ahí, ahí, ahí.

GIró bruscamente su cabeza hacia el edificio. El corazón comenzó a acelerarle en el pecho. Sentía cada vez más fuerte aquella presencia. Se paró sobre sus pasos y giró. Miró tras de sí, esperando alguna señal, algo que estuviera ahí, al acecho... pero no había nada. Giró y de nuevo volvió a su marcha.

Se para. Se ha parado. Sigue ahí. Se va, se va. Hay que alcanzarlo. Alcanzarlo. Alcanzarlo. Alcanzarlo. Anda rápido, rápido, rápido. Para. Estás ahí. Te alcanzo. Te huelo.

Algo muy rápido ha pasado a su derecha. Algo fugaz que se ha perdido entre las sombras. Lo ha visto. Sabe que ha estado ahí, en esa pared de la que se aleja. Su rostro se compunge. Tiene ganas de correr y alejarse de aquél lugar, pero algo lo paraliza. Sigue andando rápido. Las piernas le tiemblan ligeramente, parece que su paso desfallece. El corazón se le desorbita y de vez en cuando cierra los ojos esperando a que pase el trance.

¡Tócalo! Está ahí. Lo alcanzo... Vamos, ¡Tocaloooo! Es mío. Mío. Está ahí. ¡Qué bello! Es mío. Mío. Míooooo.

De nuevo esa sombra que se aleja. Cree que va a volverse loco. La ha visto por el rabillo del ojo. Algo se desliza por las paredes, algo que huye hasta las sombras, y que ahí se vuelve a perder. No sabe qué es. QUiere gritar pero no puede. No sale grito de su garganta. ¿Se estaría volviendo loco?. Le ha parecido oir una voz... o un quejido... Como un susurro agudo... Algo que le recordaba a la voz que una vez, leyendo la Metamorfosis de Kafka, sonó en su cerebro... una voz enlatada, propia de un insecto.
Sigue andando por la interminable calle, ansiando ver la carretera que le librará de ella. El edificio de ladrillos marrones, con miles de recovecos, de ventanas y sombras, parece devorarlo.
Se para en seco. De nuevo aquella sombra que se desliza por la pared y sube hasta arriba. No sabe si es valor o miedo lo que le paraliza y le hace estar ahí

¡Mío! Se ha parado. Está ahí, a la luz. Por fin llegaré hasta él. A él, a él, a él.

El corazón está desbocado. No hay parte de su cuerpo que no tiemble. Gira su cabeza a la pared. Una sombra pasa fugaz. Algo se desliza sobre ella. Algo como un insecto oscuro y enorme. Por lo que ha podido ver, parece como si fuera un hombre que, con unas piernas arqueadas, gatease por la pared. Ha pasado corriendo, como una cucaracha. Da un paso hacia atrás y comienza a correr.

¡¡Maldito!! ¡Se va, se va, se va! ¡Alcánzalo! Maldito... ¡Maldito, te alcanzo!.

La sombra le sigue. Corre todo lo que puede, haciendo caso omiso al dolor punzante del costado. Le sigue, oye el correteo de esas extrañas patas. Mira al frente, y sabe que está a su izquierda, a pocos centímetros de él. Oye el sonido métalico de su voz, que lo maldice y le grita que pare. Ese sonido enlatado se mete en su cerebro. Ve, por el rabillo del ojo, algo que parece un brazo o una mano, que intenta agarrarlo, atraparlo, pero le lleva una muy ligera ventaja.

Grrraaaaaaagg. ¡No escaparás!

Por fin la carretera. Ya solo queda una calle para llegar a su casa. Apresura el paso. Se cruza con un vagabundo que arrastra un carrito; éste lo mira de forma extraña, indagando... seguramente tenga el rostro desencajado. Un sudor frío impregna su frente. Un grito agónico se ahoga en su garganta.
LLega a la puerta de su casa. Saca nerviosamente las llaves de su pantalón y, con mano temblorosa, consigue abrir la puerta. La casa está oscura. Las ventanas todas cerradas. Enciende la luz de la entrada, y va caminando y encendiendo luces por toda la casa. Va hacia la cocina, mirando a todos los sitios. Ve la sombra de un mueble. Se paraliza. Las piernas le flaquean.
Cierra los ojos, se sienta en el sofá con un vaso de agua en la mano... EL cansancio.. Ha debido ser el cansancio. Intenta tranquilizarse, consolarse a sí mismo. Todo está iluminado, todas las luces encendidas.
Se levanta y ve las ventanas todas cerradas. Mira hacia la calle, totalmente oscura. Fría. Húmeda. Parece que todo vuelve a la calma... que ha sido producto de su imaginación... Sï, seguramente haya sido eso.

El vagabundo sigue ahí, rebuscando entre la basura en busca de algún artilugio probablemente, que después meterá en su carrito.

¡¡¡MALDITOOOOO!!!

El cristal vibra con fuerza. No hace viento. Pero parece que fuera a romperse. Es el único cristal que vibra en toda la casa, como si fuera aporreado desde fuera. La sombra está ahí. El cristal se resquebraja...




Elohim Meth